Habilidades sociales: ¿Qué son?

El correcto desarrollo de las habilidades sociales tiene una gran importancia en la interacción social de las personas y en la consecución de objetivos. Por ello, desde PsiqAT queremos contarte más acerca de esto.

Las habilidades sociales son entendidas como el conjunto de estrategias y capacidades de comportamiento y comprensión, para aplicarlas en la interacción con los otros, ayudándonos a resolver las diferentes situaciones sociales que se nos presentan de manera efectiva (aceptable para el propio sujeto y para el contexto social en el que está).

A través de ellas, podemos expresar los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de un modo adecuado a la situación en la cual el individuo se encuentra, mientras respeta las conductas, actitudes, deseos u opiniones de los otros.

El desarrollo de las habilidades sociales es muy importante para poder mantener un bienestar a lo largo de nuestra vida.
Las habilidades que se desarrollan para comunicarnos y establecer vínculos con otros son fundamentales en todos los ámbitos de nuestra vida (trabajo, familia, amigos, etc).
Saber cómo expresarnos, de qué forma, atender a las necesidades de los otros, expresar las nuestras, saber escuchar o saber poner límites y entender los del otro es fundamental para garantizar el éxito a lo largo de nuestra vida. Por tanto, un buen desarrollo de las habilidades sociales permite mejorar nuestras relaciones interpersonales, sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás, así como, obtener más fácilmente lo que queremos.

Las habilidades sociales están estrechamente relacionadas con el nivel de inteligencia emocional y, el correcto desarrollo y aplicación de la inteligencia emocional, está relacionado con el éxito en cualquier tarea o papel que desempeñamos. Bien, pongamos un ejemplo de lo que comentamos:

Imaginemos un director general de una empresa que quiere cerrar un acuerdo con otra empresa con la que obtendrá grandes beneficios. Dicho empresario tiene múltiples estudios y títulos, siendo un hombre muy inteligente en su campo de acción. Sin embargo, al llegar a la empresa con la que quiere negociar, no es educado, no da la mano, ni las gracias, no se presenta de un modo adecuado, no es capaz de escuchar y comprender las necesidades de la otra parte, ni tampoco sabe expresar sus ideas de un modo asertivo. ¿Ustedes creen que este director conseguirá cerrar el negocio con la otra empresa? Seguramente, la respuesta es no. En esto, estamos de acuerdo. Esto demuestra, que muchas más veces juega un papel fundamental y es más importante las habilidades sociales y la inteligencia emocional que se aplica, que la inteligencia desarrollada en cualquier área técnica concreta.

Existen dos tipos de habilidades sociales, las habilidades sociales blandas o básicas y las habilidades sociales complejas.
Habilidades sociales blandas:
-Escuchar.
-Iniciar una conversación.
-Formular una pregunta.
-Dar las gracias.
-Presentarse.
-Presentar a otras personas
-Realizar un cumplido.


Habilidades sociales complejas:
-Empatía
-Inteligencia emocional
-Asertividad
-Capacidad de escucha
-Capacidad de comunicar sentimientos y emociones
-Capacidad de definir un problema y evaluar soluciones
-Capacidad de negociación
-Modulación de la expresión emocional (cómo nos comunicamos)
-Capacidad de disculparse
-Reconocimiento y defensa de los propios derechos y los de los demás

Esperamos que toda esta información te ayude a seguir trabajando en el desarrollo y potencialidad de las habilidades sociales. No obstante, si no sabes cómo trabajarlas, no dudes en ponerte en manos de un profesional. Desde PsiqAT y la práctica del Acompañamiento Terapéutico ¡podemos ayudarte!

¿Qué es la ansiedad o fobia social?

El Trastorno de Ansiedad Social (TAS) o fobia social se produce al experimentar un temor intenso y persistente ante situaciones de interacción social, lo cual, puede interferir en el normal funcionamiento de nuestra vida diaria. Por ello, desde PsiqAT, queremos contarte un poco más acerca de ello.

El TAS o fobia social, es mucho más común de lo que podríamos imaginar. Los datos que actualmente están recogidos acerca de este tipo de ansiedad, indican que, aproximadamente el 13% de las personas presentan fobia social en algún momento de su vida. El trastorno afecta con una prevalencia anual cercana al 9% de las mujeres y al 7% de los varones. Este tipo de trastorno puede ser tratado y resuelto sin mayores complicaciones, aunque es importante remarcar que, si no se trabaja y se recurre a la evitación y aislamiento, podríamos hablar de que lo más probable es que se genere un deterioro en la calidad de vida de la persona y las diferentes áreas de su vida. También es importante remarcar que, con la pandemia derivada del Covid-19, las cifras de gente con este tipo de ansiedad se ha visto incrementada.

El Trastorno de ansiedad social se produce cuando se experimenta un miedo profundo a enfrentar interacciones sociales en los diferentes ámbitos o áreas de la vida de la persona (amigos, ocio, familia, trabajo, escuela, otras actividades cotidianas…). En las circunstancias descritas, se teme ser observado y juzgado por otros.

Existen una serie de síntomas que caracterizan la fobia social o TAS. Estos síntomas se presentan ante el pensamiento de enfrentar una situación de interacción social, momentos previos a enfrentarse a la misma o durante el encuentro. Los síntomas son los siguientes:

-Enrojecimiento.
-Sudores.
-Temblores.
-Náuseas o malestar estomacal.
-Taquicardia.
-Mantener una postura corporal rígida.
-Escaso contacto visual o hablar con voz baja.
-Sentir angustia, ansiedad o dificultad por estar con otras personas, especialmente si aún no las conocen.
-Baja autoestima.
-Sensación de inseguridad.
-Tener mucho miedo de que otras personas las juzguen.
-Evitar los lugares donde hay otras personas.

Es importante tener en cuenta que, por presentar algunos síntomas, no se tiene porque tener un trastorno, simplemente puede ser el inicio de alguna complicación, que es importante prestar atención y trabajar para prevenir que se perpetúe a lo largo del tiempo, pudiendo generar consecuencias en la vida de la persona. No dudes, si no encuentras las herramientas adecuadas en acudir a un profesional o ponerte en contacto con el equipo de PsiqAT, estaremos encantadas de ayudarte y acompañarte en tu proceso.

¿Cómo superarlo? A continuación, te dejamos algunos tips para tratar de trabajar la ansiedad social:


1. Acude a un profesional para que pueda acompañarte en tu proceso y se adecúe a tus necesidades.
2. Intenta poner en marcha técnicas de relajación de forma previa al momento de interacción social.
3. En la medida de lo posible, trata de no evitar esas situaciones. A largo plazo, es contraproducente y empeora la situación.
4. Conócete e identifica cuándo evitas y cuándo realmente no te apetece exponerte a una situación social.
5. Apóyate en tu red social de apoyo.

Si tienes cualquier duda o necesitas apoyo, no dudes en ponerte en contacto con nosotras.


¿Has oído hablar sobre la «Ley de Hielo»?

La Ley de hielo es una forma de abuso emocional que puede generar consecuencias negativas para la persona que recibe este comportamiento. Por ello, es importante conocer qué es y cuáles son las formas en las que se manifiesta.

La ley de hielo surge de un conflicto en una relación (pareja, amistad, familia…) donde una persona se enfada con la otra, y, en lugar de expresarlo y dar sus motivos para tratar de remediar la situación, asume la actitud contraria: deja de hablar y actúa con indiferencia y frialdad. Es, por tanto, un conjunto de comportamientos deliberados y conscientes que persiguen ignorar al otro, como una forma de “castigar” por lo que (se supone) ha hecho mal y esperar que pida disculpas o enmiende su error.

En muchas ocasiones algunos piensan que, al imponer este régimen educativo, el otro va a cambiar algún comportamiento. En otras ocasiones, el objetivo principal es hacer daño a la otra persona aprovechando ese vínculo emocional que los une, lo que genera en la víctima un estado de confusión y angustia, al no saber qué está haciendo mal y por qué se le está tratando de esta manera, sentimiento de culpa, así como caer también en un proceso de destrucción de su propia autoestima.

Esta forma de proceder, responde al empleo de tácticas defensivas fruto de la inseguridad, así como una mala gestión de la comunicación. Es considerada, por tanto, una violencia invisible que parte de un juego pasivo-agresivo. Estas personas, además, suelen ser descritos como manipuladores/as, fríos/as, calculadores/as, entre otros.

Este tipo de violencia, es difícil de detectar, ya que se ha normalizado la comunicación entre las parejas afectivas, por ello, te ofrecemos una serie de pautas para identificarlo:

-La persona niega que haya ningún problema, que se sienta mal, que algo le haya molestado, etc.

-Finge que no escucha a la otra persona.

-Cuando acepta haber escuchado, no responde o lo hace con monosílabos.

-No coge las llamadas ni responde a los mensajes, o lo hace cuando ha pasado mucho tiempo.

-Pasa por alto lo que la otra persona le cuente, le pide o necesita, o muestra desinterés por ello.

-Advierte el desconcierto y el sufrimiento del otro debido a su modo de ignorarlo y pese a ello, se mantiene en su actitud.

-Elude las actividades sociales con la otra persona e incluso, deshace planes acordados con anterioridad.

-Evita el contacto visual y físico, como si la otra persona fuese invisible o no existiera. 

Algunos de los efectos que produce a la víctima son:

-Sentimientos de tristeza y/o depresión.

-Estrés emocional y traumas.

-Sentimientos de miedo, ira y culpa.

-Estrés psicológico.

Cómo actuar para protegernos de la “ley de hielo”

Es importante tomar consciencia de la situación y la gravedad de la misma, así como intentar hablarlo con las personas implicadas. Favorecer la comunicación, en la medida de lo posible, es importante para llegar a un acuerdo sobre cómo proceder ante los conflictos que no sea desde el silencio.

Por otro lado, es importante hacer un trabajo de autoconocimiento y reflexión con el fin de autoprotegernos ante estas conductas y que nos repercuta lo menos posible nivel emocional.

Asimismo, te recomendamos siempre consultar con un psicólogo/a para evaluar cada caso personal. Desde PsiqAT, podemos ayudarte ¡contacta con nosotras!

 

 

Estilos educativos: cómo influyen en nuestros más pequeños

Conocer el estilo educativo que utilizamos con nuestros hijos es importante para saber de qué forma puede influir en su posterior desarrollo. Desde PsiqAT queremos contártelo.

El estilo educativo es el conjunto de creencias, ideas, valores, actitudes y hábitos de comportamiento que los padres mantienen para educar a sus hijos. La mayor parte de los padres y madres persiguen siempre lo mejor para sus hijos, pensando que actúan de la forma correcta con ellos. Sin embargo, aún hay mucho desconocimiento acerca de los diferentes estilos educativos y como estos influyen en el desarrollo de los niños. La combinación del tono de la relación que se establece con nuestros pequeños, el nivel de comunicación y las conductas para encauzar el comportamiento dan lugar a los cuatro estilos educativos, en los cuales profundizaremos a lo largo de este artículo.

Los estilos educativos han sido investigados por la psicóloga del desarrollo Diana Baumrind, que determinó cuatro dimensiones que consideraba de importancia:  calidez y nutrición, estrategias disciplinarias, estilo de comunicación y expectativas de madurez y control. Al mismo tiempo, identificó tres estilos de crianza: autoritario, democrático y permisivo. Esto determinaba que, los hijos desconfiados tenían padres controladores y que mostraban poco afecto; los hijos que eran más dependientes tenían padres afectuosos, pero que no establecían límites; y los independientes y seguros resultaban de padres exigentes pero comunicativos. En 1983, Maccoby y Martin continuaron el trabajo registrado y se desarrolla el cuarto estilo educativo: El negligente. 

A continuación, vamos a profundizar en qué consisten los cuatro estilos educativos:

1. Estilo autoritario

El estilo autoritario se sustenta en la disciplina severa, donde los padres establecen las reglas y esperan que los niños las sigan al pie de la letra, sin ningún tipo de flexibilidad. También se conoce como estilo de crianza “militar”, donde la figura de referencia emplea reglas muy estrictas en la familia, fomentando la obediencia.

Las características de los padres con este estilo educativo son controladores, rígidos, prestan poco apoyo a sus hijos y son propensos al castigo, las amenazas e incluso pueden ejercer la violencia. Si el hijo infringe las normas familiares, será castigado severamente sin escuchar su explicación.

Aunque los niños autoritarios siguen las reglas la mayoría del tiempo, suelen desarrollarse problemas de autoestima, debido a que los padres no han tenido en cuenta las necesidades y/o sentimientos y emociones de sus hijos. También pueden convertirse en niños hostiles o agresivos, con dificultades para la toma de decisiones y resolución de problemas.

2. Estilo permisivo

El estilo permisivo puede, a la larga, puede traer consigo consecuencias emocionales serias. Los padres permisivos procuran proteger a sus hijos de cualquier tipo de daño, sin llegar a establecer ningún estándar para el comportamiento de sus hijos, siendo demasiado tolerantes. Son padres que se caracterizan por ser poco firmes y tener poco control sobre la situación. Los niños que crecen en entornos con este estilo educativo tienden a tener un bajo rendimiento académico, pudiendo presentar más problemas de comportamiento, debido a que, es probable que reten a la autoridad y las reglas. Es frecuente que los hijos que han sido criados en este estilo educativo tengan una baja autoestima y puedan experimentar tristeza, convirtiéndose en personas caprichosas y consentidas.

3. Estilo democrático

Este estilo educativo es uno de los más saludables para la educación de los hijos. Los padres democráticos suelen ser firmes, pero prestan apoyo y cariño a sus hijos. Establecen límites, pero también consideran el punto de vista del pequeño. Siendo, por tanto, flexibles, creando espacios de comunicación, donde también se tiene en cuenta la opinión y las necesidades del niño/a.

Los padres democráticos optan por explicar las consecuencias que tiene la conducta negativa de sus pequeños en vez de aplicar castigos. Del mismo modo, utilizan el refuerzo positivo para los buenos comportamientos, estando más dispuestos que los padres autoritarios a usar sistemas de recompensa y elogios.

Los estudios muestran que los hijos criados con este estilo educativo tienden a ser más felices y exitosos. A menudo son buenos para tomar decisiones y gozan de una mayor autoestima, siendo adultos más responsables y sintiéndose cómodos expresando sus opiniones.

4. Estilo negligente o indiferente

Este estilo se caracteriza porque los padres no están implicados en crianza de sus hijos y, por tanto, no proporcionan el apoyo necesario a sus niños ni les sirven de guía. No muestran cariño ni disciplina, no prestando atención a las necesidades sus pequeños.

Este es un estilo muy dañino para los jóvenes, y el comportamiento de los padres tiene un impacto negativo a nivel global en el desarrollo de sus hijos en el presente y en el futuro.

Los padres indiferentes ponen en riesgo la salud emocional de sus pequeños, así como, su autoestima, causando serios problemas psicológicos en diferentes ámbitos de su vida futura, por ejemplo, las relaciones interpersonales o el trabajo.

Por tanto, como hemos podido ver a lo largo de la lectura de este artículo, el papel de los padres es fundamental para el desarrollo de los hijos. Aunque la gran mayoría de progenitores desean lo mejor para sus pequeños, desafortunadamente, algunos cometen errores que pueden condicionar el crecimiento y la salud emocional de los más pequeños y su posterior vida adulta.

Lo más importante es, por una parte, recordar mantener el equilibrio entre protegerlos, y, por otra parte, darles la libertad para explorar el mundo y aprender de sus errores.

No obstante, si tienes dudas o necesitas ayuda en referencia al estilo educativo que puedas estar empleando y las consecuencias posteriores que pueda tener en tus pequeños, no dudes en ponerte en contacto con el equipo de PsiqAT, ¡estaremos encantadas de ayudarte!

SALUD MENTAL Y ESQUIZOFRENIA

¿Alguna vez te has preguntado que es la salud mental? ¿y cuál es su importancia? 

Continúa leyendo el siguiente artículo para responder a estas preguntas y conocer más sobre ello

La OMS define la salud como un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no únicamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Por tanto, el termino salud es sinónimo de encontrarse en un estado de equilibrio

La salud mental engloba un bienestar emocional, psicológico y social. Por tanto, es imprescindible para todas las personas, sin embargo, a pesar de su importancia es una de las áreas más desatendidas de los sistemas de salud del mundo. 

Casi 1.000 millones de personas viven con un trastorno mental, y una de cada cuatro personas podrían desarrollarlo a lo largo de su vida. Además, el suicidio se sitúa entre una de las principales causas de muerte. 

Según la OMS, la enfermedad mental es una alteración de tipo emocional, cognitivo o del comportamiento en la que se ven afectados una serie de procesos psicológicos tales como son la emoción, la motivación, la conciencia, la percepción, el lenguaje, etc. Esto puede llegar a interferir en la vida cotidiana de las personas que lo sufren, como por ejemplo en sus relaciones, estudios, trabajo, en definitiva, en su día a día. 

Hay muchos tipos de trastornos mentales, y erróneamente se les suele atribuir a los más graves como son los trastornos psicóticos y de la personalidad. Sobretodo se conoce a la esquizofrenia, el cual se define como un trastorno mental grave por el cual las personas interpretan la realidad de forma diferente. Este trastorno puede provocar una combinación de alucinaciones, delirios y trastornos graves en el pensamiento y el comportamiento, que afecta al funcionamiento diario y puede ser incapacitante. 

Sin embargo, los trastornos emocionales como son el estrés, la ansiedad, la depresión… son una de las principales causas de discapacidad en nuestro país y se calcula que casi la mitad de la población lo ha sufrido o lo padecerá en algún momento de su vida. 

Es difícil saber con exactitud que puede llevar a una persona a sufrir un trastorno mental, según la OMS, muchos dependen de una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales, como pueden ser problemas familiares, sucesos estresantes, consumo de sustancias, trastornos hereditarios o genéticos, etc. 

 

La pandemia ha supuesto una gran alteración a nuestras vidas que en algunos casos la han modificado para siempre. Esto ha provocado que se disparen las consultas por problemas de salud mental. Es por ello por lo que la OMS ha señalado que se espera que las necesidades de apoyo psicológico y social aumenten en los próximos meses. Por ello, piden aumentar la inversión en los programas de salud metal

 

El tratamiento de estas problemáticas ira en función de los síntomas y el diagnóstico de la persona, lo que ira ligado con la prevención de recaídas, empeoramiento o desarrollo. Algunos de los factores que pueden prevenir el desarrollo o empeoramiento de los problemas mentales son, tener relaciones sociales estables y adecuadas, descansar lo suficiente, comer de forma saludable y hacer ejercicio. 

Desde PsiqAT tenemos planes de atención personalizados para cualquier tipo de problemática, cubriendo incluso hasta las necesidades más cotidianas a través del Acompañamiento Terapéutico. 

¡No lo dudes y ponte en contacto YA!

Autocuidado: tipos y beneficios

El autocuidado es algo realmente importante para nuestro bienestar físico, mental y emocional. ¿Alguna vez te has preguntado cuáles son los beneficios de añadir esta práctica a tu vida de forma consciente? Desde PsiqAT, ¡queremos contártelo!

El cuidado de uno mismo hace referencia a la capacidad de estar atentos a lo que nos sucede, a lo que pensamos y a lo que sentimos, a sabernos validar y proteger, en definitiva, a lograr un estado de bienestar físico y psicológico. Para comenzar a tomar parte activa del autocuidado es importante comenzar por preguntarse lo siguiente:

¿Qué es aquello que me aporta y suma en mi bienestar? Y… ¿Qué es aquello que tengo en mi vida en este momento que resta o no me aporta bienestar? Es importante identificar aquello que nos hace bien y aquello que nos está restando, para poder empezar a hacer nuestra propia receta o plan de autocuidado.

Existen diferentes tipos de autocuidado en función de la esfera o área que trabajemos activamente en cuidarnos a nosotros mismos:

Autocuidado Emocional

Es el cuidado que nos proporcionamos en el plano emocional. Algunos ejemplos de este tipo de autocuidado son:

-Dedicar tiempo a hablar con nosotros mismos y ser honestos con lo que sentimos.

-Darse tiempo para parar, reflexionar y estar con uno mismo o quienes queremos.

-Meditar.

-Pasar tiempo de calidad (ver una película, serie, compartir con amigos) que nos haga sentir bien.

-Permitirse llorar y expresar las emociones.

-Poner los límites en las relaciones personales que consideremos necesarios para sentirnos cómodos.

-Tener una buena conversación.

Autocuidado Físico

Es el cuidado que nos proporcionamos en el plano físico. Algunos ejemplos de este tipo de autocuidado son:

-Darse un baño relajante.

-Alimentarse de forma saludable.

-Hacer ejercicio.

-Salir a caminar.

-Hacer yoga.

-Viajar.

Autocuidado Cognitivo/Intelectual

Es el cuidado que nos proporcionamos en el plano del pensamiento, de la intelectualidad o cognición. Algunos ejemplos de este tipo de autocuidado son:

-Leer un libro.

-Fomentar la creatividad: cantando, tocando algún instrumento, dibujando…

-Escuchar un podcast educativo.

-Buscar nuevos aprendizajes.

Autocuidado Espiritual

Es el cuidado que nos proporcionamos en el plano más abstracto y filosófico del ser. Algunos ejemplos de este tipo de autocuidado son:

-Meditar y hacer ejercicios de atención plena en el momento presente.

-Llevar a cabo un diario de gratitud.

-Hacer un viaje con propósito de descubrirse a uno mismo.

-Conectar con la naturaleza.

Autocuidado Social

Es el cuidado que nos proporcionamos en el plano social y relacional con los otros (familia, amigos, laboral, etc.) Algunos ejemplos de este tipo de autocuidado son:

-Escribir un mensaje a alguien que está lejos, pero queremos.

-Unirse a un grupo de personas que compartan tus intereses y aficiones.

-Dejar aquellas relaciones en las que las cuentas salen en balance negativo.

-Compartir tiempo con algún buen amigo/a o grupo de amigos/as.

Lo ideal, es que ajustes estos diferentes tipos de autocuidado a tus gustos e intereses, al final quien debe descubrir qué o quién le aporta bienestar y cuidado no eres más que… ¡TÚ! Lo importante es que empieces a ser un agente activo y consciente de tu cuidado y de ti mismo, tomando conciencia en la diferenciación de espacios y momentos. Es decir, si estamos dedicando tiempo al trabajo, ser conscientes de ello y que, cuando salgamos y vayamos a quedar con un amigo/a, estamos dedicando ese tiempo a autocuidado social y, a lo mejor, emocional o cognitivo.

Nos gustaría compartir contigo algunos de los beneficios del autocuidado:

1.Fortalecimiento de la autoestima.

2.Capacidad de adaptación y generación de respuestas alternativas para afrontar situaciones de estrés.

3.Actitud más optimista y positiva.

4.Mayor productividad y rendimiento en las actividades.

5.Mejor calidad de vida.

6. Aumento de la sensación de bienestar.

Los beneficios de la práctica de autocuidado son múltiples. Si tienes dudas o quieres contar con nuestro apoyo, acompañándote en tu propio proceso terapéutico, no dudes en ponerte en contacto con nosotras, desde el equipo de PsiqAT estamos contigo.

Trastorno Bipolar: Síntomas y cómo actuar

El trastorno bipolar es un trastorno de salud mental que afecta aproximadamente a un 3% de la población mundial. Por ello, desde PsiqAT queremos contarte qué es y cómo podemos actuar con las personas de nuestro alrededor que convivan con ello.

El Trastorno Bipolar es una afección del estado del ánimo que provoca cambios intensos en el comportamiento, los niveles de energía y actividad, así como, el propio estado de ánimo. La prevalencia de este trastorno, según los datos registrados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es que el 3% (350 millones) de la población mundial convive con este trastorno, dándose en todas las culturas, razas y sexos.

Existen tres tipos diferentes de trastornos bipolares: Trastorno Bipolar tipo I, Trastorno Bipolar tipo II y Trastorno Ciclotímico. Para poder concretar y diagnosticar qué tipo de bipolaridad se podría estar padeciendo, se debe observar la frecuencia y la intensidad de los diferentes tipos de episodios (mixtos, maniacos/hipomaniacos y depresivos). A continuación, vamos a concretar las diferencias entre estos episodios y que sintomatología los caracteriza:

Episodios maniacos/hipomaniacos: son episodios y no síntomas, debido a la duración de la sintomatología que se describe a continuación:

-Sentimientos de mucho optimismo.

-Euforia.

-Sentirse nervioso o acelerado, más activo de lo que se está habitualmente.

-Tener mal genio o estar muy irritable.

-Hacer cosas arriesgadas que muestren una falta de juicio (comer o beber en exceso, gastar o regalar mucho dinero, tener relaciones sexuales poco seguras, etc.).

-Sentir que los pensamientos van a un ritmo demasiado rápido, lo que conlleva a hablar también rápido.

-Dormir menos.

-Sentirse inusualmente importante, grandioso o talentoso.

Episodios depresivos: del mismo modo, son episodios y no síntomas, debido a la duración de la sintomatología que se describe a continuación:

-Sentimiento de mucha tristeza, inutilidad y/o desesperanza.

-Comer poco o demasiado.

-Falta de interés en actividades habituales, no pudiendo, a veces, hacer cosas simples.

-Tener poca energía, costando mucho esfuerzo hacer cualquier actividad.

-Sensación de mucho cansancio o agotamiento.

-Hipersomnia (dormir demasiado).

-Sentimientos de soledad y aislamiento de los demás.

-Pensamientos de muerte o suicidio.

Episodios mixtos: son aquellos que se componen por una mezcla de sintomatología de los episodios maniacos /hipomaniacos y los depresivos.

Es importante que conozcamos este tipo de trastornos y los síntomas relacionados con cada episodio del que se componen para poder acompañar y ayudar a aquellas personas que conviven con ello.

Del mismo modo, desde PsiqAT queremos dejarte unos tips para ayudar y facilitar a las personas que tienen este tipo de trastorno:

  1. Ayúdale a aceptar su trastorno, acompañándole y estado disponible para cuando esa persona lo necesite.
  2. Anímale a que busque la ayuda de los profesionales pertinentes.
  3. Infórmate acerca del trastorno y entiende que, a veces, ciertas conductas se escapan del juicio de la persona que lo presenta.
  4. Aprende a reconocer los indicadores de que un episodio depresivo o maniaco/hipomaniaco para tratar de evitar la progresión de un episodio completo o retrasar la aparición de que se desencadene un nuevo episodio.
  5. Muestra comprensión y apoyo hacia la persona que lo tiene. No le juzgues o cambies tu forma de comportarte por el diagnóstico de dicho trastorno.
  6. Ayuda, en la medida de lo posible, a que estructure sus rutinas y tome la medicación que se le ha indicado.
  7. Pasa tiempo de calidad con la persona, así trataremos de evitar su aislamiento.

Esperamos que te haya sido de utilidad toda esta información y si tienes dudas, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. Si necesitas ayuda o conoces a alguien que pueda necesitarla no dudes en contar con nosotras. Desde el PsiqAT y a través del Acompañamiento Terapéutico podemos ayudarte.

Salario emocional

¿Por qué trabajas? “por dinero”, muchos dirán. Descubre, a través del siguiente artículo otras muchas cosas importantes en un trabajo, que forman parte de tu “Salario emocional”

Si nos ponemos a echar cuentas invertimos más de un tercio de nuestras vidas en el trabajo, y de nuevo te pregunto ¿y sólo trabajas por dinero? Bien, vamos a hacer un ejercicio de reflexión, si a nuestro trabajo le quitamos la parte económica, ¿con qué te quedas? ¿por qué trabajas?

Probablemente si contestaste de forma afirmativa a la primera pregunta y el dinero es el principal valor en tu trabajo, no sepas responder a las siguientes. Y, es que, pese a que lógicamente el dinero es algo fundamental para vivir y por tanto a la hora de seleccionar el trabajo, hay muchos otros factores que entran en juego y que nos pueden mejorar mucho la calidad de vida. Estos otros factores es lo que llamamos el salario emocional. 

El salario emocional es un concepto que se asocia con la retribución del empleado en la que se incluyen cuestiones no económicas, con el fin de satisfacer las necesidades personales y familiares, mejorando la calidad de vida del trabajador y fomentando la conciliación laboral. 

Algunos ejemplos que nos podemos encontrar de salario emocional, según indica la IMF Business School, son el horario flexible, los días libres, la guardería, los beneficios sociales, las actividades de voluntariado o los espacios de distracción en la empresa.

También pueden formar parte del salario emocional factores como la capacitación, el reconocimiento y los planes de formación. 

Las ventajas por tanto para el trabajador son numerosas. Pero y que me dices de la empresa ¿también obtiene beneficios de este tipo de planes?

Mujer sentada frente a una mesa con una computadora

Descripción generada automáticamente

Se ha demostrado que aquellas empresas que incluyen el salario emocional dentro de sus políticas, obtienen: 

  • Índices de rotación del personal bajos
  • Reducción de gastos en relación con la selección, formación y administración del personal
  • Niveles bajos de absentismo
  • Empleados satisfechos, son empleados con elevados índices de productividad y competitividad

5 Factores clave del salario emocional

  1. Sentido de propósito: se deben conocer los valores de la empresa para que los empleados puedan identificarse 
  2. Desarrollo profesional: definir el trayecto del empleado a medio y largo plazo
  3. Desarrollo personal: es importante hablar abiertamente de emociones y proponer iniciativas para mejorar el ambiente laboral
  4. Bienestar físico: se debe fomentar el desarrollo de los hábitos saludables
  5. Flexibilidad laboral: tener en cuenta las consideraciones y opiniones de los empleados en esta materia. 

Pero ¡ojo! Un salario emocional alto nunca puede compensar un salario económico bajo. Es necesario tener una retribución económica adecuada, el salario emocional es algo que suma al salario económico. 

¿Por qué mentimos?

Siempre decimos que todos hemos mentido alguna vez en la vida… pero, aunque nos escudemos diciendo que son mentiras piadosas, la pregunta es: ¿Por qué lo hacemos?

Mentir es también ocultar la verdad y no solo decir cosas que no son ciertas. 

La gente miente por muchos motivos, para quedar bien, para excusarse, para obtener lo que quiere, para no ofender… pero sobre todo mentimos por temor a las consecuencias de que algo se sepa. 

 

Y, es que, en muchas ocasiones tras una mentira se oculta baja autoestima, falta de confianza en uno mismo, temor al rechazo, al castigo o a la crítica. También funciona como herramienta para manipular a los demás y obtener lo que queremos. 

“Mentir es humano”

 

Resulta que la mayoría de nosotros mentimos de forma constante, desde pequeños aprendemos a mentir. Hay cerebros que tienen mayor capacidad para mentir que otros. 

 

Nuestra capacidad para mentir es inversamente proporcional, a nuestra capacidad para detectar mentiras. Y esto esta influenciado por nuestra necesidad de confiar en los demás. 

 

Se ha demostrado que hombres y mujeres mienten por igual, aunque quizás los motivos son diferentes. Los hombres tienden a mentir para sentirse mejor con ellos mismos y las mujeres suelen mentir con el objetivo de que sean los otros los que se sientan mejor. 

 

Un estudio de la Universidad de California demostró que de media mentimos entre una o dos veces a lo largo del día. La mayoría son mentiras piadosas, excusas u omisiones, sin embargo, también se demostró que la mayoría de la gente ha dicho una o más “mentiras graves”, en algún momento de su vida, como ocultarle una aventura a su cónyuge. 

 

Motivos de las mentiras 

 

–  Para ocultar algo: con el objetivo de evitar la vergüenza que se siente por lo que se ha hecho y sus consecuencias.

–  Para obtener un beneficio o una ventaja: la mentira y el engaño son instrumentos para alcanzar nuestros objetivos.

–  Para hacer felices a los demás: “mentiras altruistas o piadosas” se llaman de forma popular, y tienen el objetivo de hacer feliz o no dañar a alguien.

 

Algunas grandes mentiras de personajes famosos 

 

El presidente Richard Nixon

 

En 1972 cinco hombres fueron arrestados tras irrumpir en el Comité Nacional Demócrata. El presidente negó estar involucrado, sin embargo, se descubrió lo contrario, lo que le obligo a dimitir. 

 

Lance Armstrong

El exciclista estadounidense ganador de siete veces el Tour de Francia estuvo encubriendo el dopaje por más de siete años. 

Finalmente, en 2013 lo admitió, y fue despojado de todos sus títulos. 

 

– Si te ha gustado el artículo ¡estate atento/a!, subimos uno nuevo todas las semanas.